Gato enamorado ya está encuadernándose

DSC_0005El pasado viernes estuve en la imprenta viendo el arranque de la impresión de Gato, ¡fue emocionante! Aunque hace algunos años que trabajo en una editorial, era la segunda vez que iba a una imprenta en mi vida.

Alguna gente confunde una editorial y una imprenta, cuando digo donde trabajo, me insisten en que quiere verlo y al llegar y ver que es una oficina normal, se vuelven hacia mí y me preguntan ¿dónde están las máquinas?

Lo bonito de estar en una editorial es que formas parte de un proceso creativo que termina con un producto claro ¡un libro! Pero no tiene nada que ver que sea el tuyo. ¡Era mi libro y yo su autora!, decir esto es una novedad agradable, es como ser madre.

 

Además de un proyecto que ya comparto con muchas personas que hacen que cada día mantenga la ilusión. Me encanta que en lugar de saludarme la gente me diga ¿qué tal gato? o algunos de mis amigos hayan pasado a llamarme “Gato”. Pues Gato estaba a punto de nacer mientars mi padre, una amiga y yo nos perdíamos por Fuenlabrada en busca de la fábrica ¿por qué todos los polígonos industriales tienen forma de laberintos?

Conseguimos llegar gracias a la ayuda de Javier de la imprenta que nos hizo de GPSA humano. Al entrar en la nave me sentí como en una excursión del colegio. En mi cole solíamos ir todos los años a la fábrica de caramelos Fiesta y a la de Cuétara. Recuerdo que esperábamos fuera hasta que un salía un señor a recibirnos (con un gorro de papel blanco en la cabeza) y nos acompañaba dentro. En mi recuerdo en las dos fábricas era el mismo señor pero creo que eso es una construcción de mi memoria.

El grupo de alumnos se movía en fila por dentro de la fábrica, yo no me enteraba de las explicaciones, andaría distraída con el olor ¿hay algún lugar del mundo que huela mejor que una fábrica de galletas? Hace unos años una amiga palentina nos invitó a su boda, fue una verdadera boda gitana que duró casi cuatro días, en los primeros antes de la gran celebración visitamos los alrededores para ver el Románico palentino. A mí lo que más me gustó fue el olor a galleta de Alto Campoo, un pueblo que huele a desayuno.

IMG-20140118-WA0004Con la emoción del olor a galleta aunque envuelta en otro olor que también me apasiona, que es el de la tinta fresca, entré en la nave donde ya la máquina trabajaba con las primeras pruebas de color de Gato.

Cuando el técnico me vio, me llamó a la mesa para ajustar los colores,  me imaginé todas los posibilidades que había: subir el rojo, bajarlo un poco, algo, mucho…Subir el azul, bajarlo, subir el negro, bajarlo…En ese momento eché de menos a Carina, sé que ella habría disfrutado de ese momento, coger la batuta (ella la agarraría porque es Argentina) y decir cosas como “hay que subir el amarillo y bajar un poco el magenta”. Yo quería era salir corriendo, mirar la máquina y preguntar ¿qué pasa ahora? ¿qué pasa aquí?, ¿por dónde ha entrado la página?, ¿por donde irá ahora? ¿está arriba o abajo?

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La máquina se traga el papel y éste va apareciendo y desapareciendo como cuando una persona se cae en los rápidos de un río, de repente lo ves y luego no,  vuelves a verlo…así hasta que llega al final del recorrido donde permite salir al papel con la página impresa.

Me escapé de la mesa de pruebas y conocí al técnico, un chico que parecía tan divertido con mi curiosidad, que me sugirió que subiera a la encima para así poder ver cada uno de los cuerpos de cerca. 

Desde arriba el olor de la tinta resultaba aún más penetrante y sus colores ¡impresionaban!

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Tanta humedad parecía como si estuvieran vivos, como si desearan convertirse en ríos  y deslizarse por sus cauces libres hasta llegar a la cabeza de los escritores, zarandearla, marearla con su perfume azul pelícano y volver a salir desde sus plumas, en sus blocs de notas, en sus dibujos o en folios de sucio.

Me llamaron a la mesa de nuevo, acababan de terminar la prueba de otras páginas y tenía que dar el visto bueno del color.

La hoja estaba colocada en horizontal, de tal manera que el psicólogo que aparece en la primera ilustración se veía tumbado, me molestaba verle así, el técnico me insistía en comparar el color del sofá con el anterior, quería saber cuál me gustaba más y yo sólo pensaba que me haría mejor a la idea si el psicólogo estuviera derecho y el gato tumbado…¡como tiene que ser!

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No me atreví a pedirle que colocara la página en vertical, no quería retrasar su trabajo y elegí el color que más me gustaba con la intención de volver a trepar a la máquina tan pronto como hubiéramos resuelto eso.

Dieron la orden y en lo que me había vuelto a subir a la impresora, ya estaban hechas las 250 páginas de la primera cara, ahora tocaba cambiar las  planchas.

Cada color tiene la suya propia, me encontré delante de mí con cuatro planchas de aluminio ya impresas con las letras y las ilustraciones de gato. Gracias a las ilustraciones era capaz de ver que se

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trataba de algo mío. Parecía como estar delante de una ecografía gigante ¡sí, eso una ecografía de mi libro!

Volví a subir a la máquina, el técnico me enseñó a colocar la nueva plancha que ajustamos en su cilindro correspondiente, así pude entender uno de los recovecos de la máquina en los que desaparecía el papel.

Como la hoja ya estaba impresa por un lado, había que imprimirla por el otro, así las primeras páginas del libro viajaron de nuevo hasta el principio de la máquina para volver a empezar su recorrido, esta vez del revés.

El ciclo comenzaba de nuevo por lo que hicimos alguna foto más y nos retiramos para dejarles trabajar con calma. Con éste libro he estado en la imprenta, ahora me falta ir a la encuadernación ¡eso lo haré con la segunda edición o con el próximo!

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Quiero agradecer a  Lavel Industrias Gráficas, que me permitieran estar allí y formar parte de su día a día, también a los técnicos que con tanta paciencia nos explicaron todo.

A mi padre por llevarme hasta allí y por el reportaje gráfico y a Ana que un día dejó escapar un gato negro de su relato y acabó en el mío.

Prometí una retransmisión de la impresión y aquí la tenéis, ahora como primicia os diré que ya tengo las capillas (es decir el libro terminado de imprimir y recortado) que hoy habrán llegado a la encuadernación y probablemente la semana que viene estén listas.

Y para celebrarlo ¡me voy de vacaciones! Volveremos a retransmitir a principios de febrero, hasta entonces pasarlo bien, os dejo muchos ronrroneos y maullidos y una canción que me enamoró.

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Un pensamiento en “Gato enamorado ya está encuadernándose

  1. Ana Lía

    Has hecho una crónica preciosa sobre el memorable nacimiento de GATO, que ha sido tan bonito como será el libro y como será su andadura posterior.

    Responder

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